Pasadas las 19 del martes 18 de marzo, la sede de la Federación de Entidades Profesionales Universitarias de Tucumán fue escenario de un encuentro profundamente significativo. En un salón colmado de familiares, colegas, amigos y representantes de distintas instituciones, FEPUT, junto a la Federación de Mujeres para la Paz Mundial, llevó adelante un acto de reconocimiento a las mujeres que hoy ocupan espacios de conducción en entidades profesionales de la provincia. La convocatoria, pensada en el marco del Mes de la Mujer, se convirtió en una celebración del liderazgo, la vocación de servicio y el compromiso sostenido de mujeres que, desde distintos campos profesionales, construyen todos los días instituciones más fuertes y una sociedad más justa.
Desde el inicio, el clima fue de cercanía y emoción. La presencia del presidente de FEPUT, ingeniero Alberto Federico Moyano; de la secretaria de la institución, contadora Inés Aráoz; de la representante en el NOA de la Federación de Mujeres para la Paz Mundial, Norma Rosa Banegas; y del conferencista Gerardo Alcaráz, dio marco institucional a una noche que también tuvo instantes de reflexión y reconocimiento. La apertura incluyó una presentación sobre la tarea de la Federación de Mujeres para la Paz Mundial y un repaso por su misión, orientada a promover una cultura de paz sostenible a través del liderazgo de las mujeres.
En sus palabras, Moyano subrayó el sentido profundo del homenaje. Destacó la fuerza, la inteligencia, la valentía y la capacidad de conducción de las presidentas distinguidas, poniendo en valor no solo sus responsabilidades de gestión, sino también el ejemplo que representan para las nuevas generaciones. Su mensaje tuvo un tono cálido y de sincero reconocimiento hacia mujeres que, desde la dirigencia profesional, abren caminos, rompen barreras y demuestran con hechos que la capacidad, la perseverancia y el compromiso no entienden de géneros, sino de convicciones. La frase elegida para el cierre de su discurso, “Ella creyó que podía hacerlo y lo hizo”, terminó de condensar el espíritu de la ceremonia: el de mujeres que no esperaron permiso para ocupar espacios, sino que los construyeron con trabajo y determinación.
A ese mensaje se sumó luego la intervención de Norma Rosa Banegas, quien aportó una mirada más reflexiva sobre el papel de la mujer en la construcción de comunidades sanas, pacíficas y solidarias. Su discurso puso el acento en el liderazgo del corazón, en la educación en valores y en la necesidad de pensar a la mujer no solo como protagonista de su tiempo, sino también como protectora de la paz, la integridad y la felicidad en la vida social. Fue una exposición sensible y comprometida, que conectó el reconocimiento institucional con una dimensión humana más amplia: la de mujeres que cuidan, conducen, transforman y dejan huella.
También hubo espacio para un mensaje enviado a la distancia por Roswitha Dueck de Giuliano, presidenta regional de la Federación de Mujeres para la Paz Mundial de América Latina y el Caribe, cuya participación sumó una dimensión regional al encuentro y reforzó el valor de la articulación entre organizaciones que trabajan por una sociedad con más equidad, más diálogo y más oportunidades para todos.
El momento central de la noche llegó con la entrega de reconocimientos a las mujeres que presiden entidades integrantes de FEPUT. Cada nombre mencionado despertó aplausos, sonrisas, miradas cómplices y una emoción genuina que se sintió en todo el salón. Fueron distinguidas Elizabeth del Valle Lizondo, del Colegio de Diseñadores de Interiores y Equipamiento de Tucumán; Sol Forgas, del Colegio de Psicólogos de Tucumán; Ángela del Carmen González, del Colegio de Bioquímicos; Liliana Mónica Bulacio, del Círculo Médico del Sur; Celia Raquel Valdéz, del Colegio Médico; Verónica Pastoriza, del Colegio de Farmacéuticos; Silvia del Carmen Costaz, del Colegio de Profesionales en Servicio o Trabajo Social de Tucumán; Rosana Fátima Santillán, del Colegio de Pedagogos; y también dos mujeres con una huella decisiva en la historia institucional de la Federación: Teresa Carmen del Valle Jozami y Patricia Mercedes Manso, expresidentas de FEPUT.
Detrás de cada una de esas distinciones hubo trayectorias valiosas, diversas y potentes. La nómina reunió a profesionales de la educación, la salud, las ciencias sociales, el diseño y la gestión institucional; mujeres que supieron conjugar formación, trabajo, compromiso gremial y vocación de servicio. Allí estuvieron la experiencia docente y el papel fundacional de Elizabeth del Valle Lizondo en el Colegio de Diseñadores; la tarea académica y en derechos humanos de Sol Forgas; la activa representación bioquímica de Ángela González; la extensa labor médica y dirigencial de Liliana Bulacio; el recorrido de Celia Raquel Valdéz en la oftalmología y en instituciones médicas; la gestión de Verónica Pastoriza en el ámbito farmacéutico; el compromiso social e institucional de Silvia Costaz; la defensa de la inclusión educativa impulsada por Rosana Santillán; y la sólida historia de Teresa Jozami y Patricia Manso en la construcción institucional de FEPUT y de otras entidades profesionales.
Pero más allá de los cargos y de los antecedentes, lo que conmovió durante la noche fue la dimensión humana del reconocimiento. Hubo en cada entrega una historia compartida, una familia acompañando, colegas orgullosos, amistades celebrando y una comunidad profesional capaz de detenerse, aunque sea por unas horas, para agradecer. Ese gesto, en tiempos donde la urgencia suele imponerse, tuvo un valor especial: reconocer a quienes sostienen instituciones, abren caminos y trabajan muchas veces en silencio para fortalecer sus profesiones y representar a sus pares.
El acto dejó además una certeza: el liderazgo femenino dentro de las entidades profesionales tucumanas no es una excepción ni una postal circunstancial, sino una realidad vigorosa, comprometida y transformadora. FEPUT, al impulsar este homenaje junto a la Federación de Mujeres para la Paz Mundial, no solo visibilizó trayectorias individuales, sino que reafirmó una convicción colectiva: las instituciones crecen cuando saben reconocer a quienes las hacen mejores con inteligencia, sensibilidad, firmeza y visión de futuro.
La noche concluyó con la invitación a la foto institucional, en un clima de afecto y celebración compartida. Quedó en el aire algo más que un acto protocolar: quedó la emoción de un reconocimiento justo y la imagen de un salón lleno para decir, con aplausos y gratitud, que estas mujeres no solo conducen entidades profesionales, sino que también inspiran, representan y dejan una marca profunda en la vida institucional de Tucumán.

































