Septiembre terminó siendo siendo el mes con más homicidios registrados en los últimos años. En 2018 Tucumán fue ubicado en segundo lugar como provincia más violenta después de Santa Fe. La violencia intravecinal se transformó en el móvil más común de los crímenes, con el peligro de legitimar la justicia por mano propia; un crimen que, a la vez, es emergente de una situación lindante con la anomia.
Crímenes en las cárceles y tráfico de sustancias prohibidas bajo protección. Clanes Barriales con más poder que el poder. Y cuántos titulares más que día a día ya no sorprenden sino que angustian aún más a una sociedad vapuleada, agotada, desahuciada, irritada…
Pedimos que nos protejan; que cambien actores; que busquen soluciones; que nos escuchen. El agotamiento se exacerba cuando de lo más alto de las decisiones se minimizan situaciones de violencia e inseguridad.
Necesitamos coherencia y solo así podremos aliviar la angustia. Los profesionales tucumanos aceptamos las dificultades de la hora y decimos sí al esfuerzo que exige la circunstancia, pero nos preocupa y exaspera la falta de respuestas y acompañamiento de quienes deben cuidarnos.
Sentimos que estamos al limite.